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Entrevista a Paz Garrido Lara

1 Abr 2026

Paz Garrido

«Cuando una mujer rural avanza, no lo hace sola, sino que lleva consigo el alma del territorio»

 

Paz Garrido es la impulsora de «El Cantalar» en la Sierra de Cazorla, una iniciativa de turismo sostenible y bienestar donde la calidad de vida y el respeto por la naturaleza son los pilares fundamentales. La formación continua ha sido el motor que le ha permitido transformar su pasión en un medio de vida equilibrado. Su proyecto destaca por un profundo sentido de comunidad, trabajando en comunidad con las mujeres serranas y actuando como un motor de empleo inclusivo. Su iniciativa prioriza la contratación de mujeres mayores de 50 años y jóvenes universitarias, apostando por el talento femenino en todas sus etapas y combatiendo la exclusión en el mundo rural.

¿Cuál es tu vínculo con el mundo rural? ¿Has vivido siempre en el mundo rural?

Nací en la bonita ciudad de Vigo; los vigueses y, en general, los gallegos tenemos un amor incondicional por nuestras raíces, eso que llaman la morriña, pero, como muchas gallegas y gallegos, mis padres tuvieron que migrar por razones económicas al pueblo de mi madre en Andalucía, Cazorla, en la provincia de Jaén. Todavía recuerdo aquella primera vez llegando al pueblo en un viaje interminable Vigo-Cazorla. Pero, ¿por qué mis padres me castigan con este cambio a vivir entre montañas?, pensé. Cómo iba a sobrevivir sin ese olor continuo a mar, sin mis amistades de infancia y juventud en un Vigo efervescente de cultura de los ochenta, con su propia movida viguesa.

Transcurridos los años, la vida me enseñó que nada es como parece. Ese pueblo entre montañas es ahora mi refugio, el lugar donde me siento segura, donde he creado mi familia y despierto cada mañana con la sensación de vivir en el paraíso (bueno, todavía echo de menos el olor a mar y la sinfonía de las olas).

¿Qué te motivó a iniciar tu actividad (desplazarte al entorno rural en su caso)?

Sólo tenía 17 años cuando me hice hija adoptiva de las Sierras de Cazorla, terminé bachiller y, por falta de recursos, no pude iniciar mis estudios universitarios hasta años más tarde. Cursé entonces un grado superior de Gestión Ambiental (cómo es la vida, la verdad es que a mí el tema nunca me había interesado demasiado) y entonces descubrí mi pasión por la naturaleza, por el milagro de la vida; me apasionan especialmente las plantas, su capacidad de resiliencia, sus estrategias para sobrevivir y adaptarse, sus interacciones en el ecosistema. Todo aquello era tan interesante que, después de hacer mis prácticas en un Aula de Naturaleza trabajando con escolares, tenía que encontrar la manera de contarlo, explicarlo bien, como una historia, para contagiar al resto el interés por cualquier forma de vida. Pronto descubrí que me faltaban herramientas teóricas y prácticas y entonces cursé mis estudios de Pedagogía.

Meses después de las prácticas del ciclo, el «Aula de Naturaleza El Cantalar», propiedad de la Consejería de Medio Ambiente (ahora Sostenibilidad), inició un proceso de privatización de equipamientos de uso público en el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas al que pertenece. Las personas que trabajaban en este centro se acordaron de mí y me propusieron formar parte de una cooperativa para la gestión de este equipamiento; no podía negarme. El último día de prácticas le comenté a mi pareja que aquella experiencia de trabajar con niñ@s en un entorno natural era lo que quería hacer el resto de mi vida profesional.

Treinta años después, aquí continúo mostrando al mundo la belleza de este espacio natural protegido, contando historias a público adulto e infantil sobre la tierra que nos sustenta, que nos protege y nos alimenta.

«El Cantalar»

¿En qué consiste tu proyecto? ¿Dónde encontraste la inspiración para desarrollarlo, cómo surgió la idea?

Nuestro proyecto es un proyecto en femenino, escrito con mucho tesón y con una gran capacidad de resiliencia. Treinta años hace ya que mi socia y yo vimos en «El Cantalar» un proyecto de desarrollo en un entorno rural forestal con escasas oportunidades para mujeres con estudios universitarios. Vimos una oportunidad para vincular nuestro proyecto vital de transmitir los valores de respeto por la naturaleza con nuestro proyecto profesional.

En realidad, este equipamiento de Educación Ambiental fue pionero en España y nosotras cogimos el relevo de una trayectoria de servicio público y, por lo tanto, gratuito, para consolidar una empresa sólida y comprometida con nuestro entorno.

Formación, formación y formación ha sido la clave de nuestro éxito, entendiendo éxito como la posibilidad de trabajar en lo que nos gusta con una calidad de vida extraordinaria y dedicando tiempo a las cosas sencillas de la vida.

Seguimos buscando inspiración en otros proyectos nacionales y europeos, que ven en los entornos rurales no una dificultad para emprender, sino lugares llenos de recursos y talentos por desarrollar. Encontramos inspiración en el silencio de la montaña, en el rumor de los ríos, en el tintineo de las hojas movidas por el viento; ellas nos susurran las ideas (pero no se lo digáis a nadie).

¿En qué punto está tu proyecto (empezando, reformulando, es un negocio familiar…)?

Nuestro proyecto es un proyecto maduro, consolidado, que de vez en cuando percibe el terremoto de lo transitorio, de las adversidades de la vida. Permanecemos juntas, firmes, sostenidas por la comunidad y nuestras familias, que nos muestran un amor incondicional.

¿Cómo te preparaste para desarrollar tu idea de negocio en el medio rural? ¿A qué servicios acudiste? ¿Te sirvió de apoyo?

La formación es básica para aterrizar una idea de negocio, no dejarse llevar por la energía sin control del principio, sino usarla de manera inteligente para formarse en aquellos aspectos fundamentales en el funcionamiento de cualquier empresa. Educación financiera, de ventas, de recursos humanos y, en estos momentos, en inteligencia artificial como herramienta de gestión; si no lo hacemos, nos quedaremos atrás, pero si sabemos utilizar todo este conocimiento y mantenemos nuestra ética empresarial, entonces nada podrá pararnos.

¿Con qué barreras te has encontrado para desarrollarlo? ¿alguna específica por ser mujer? Específicas del medio rural y otras que considere importantes.

Nunca nos sentimos amedrentadas por un entorno muy masculinizado, el entorno forestal donde desarrollamos nuestra empresa. No diré que ha sido fácil, pero creo que hemos hecho una labor de coeducación en nuestro entorno. Siempre hemos puesto voz y presencia donde creíamos que debíamos estar; quizás nos ha costado más por ser mujeres, pero la satisfacción y la convicción de no tener barreras lo compensa todo.

¿Cuáles son las mujeres referentes que te han inspirado? ¿Alguna relacionada con el medio rural?

El mundo está lleno de mujeres que la historia ha silenciado. Crecí admirando a Rosalía de Castro, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, pero pronto descubrí que mujeres como mi abuela paterna «Luz», trabajadora incansable del mar, o mi bisabuela materna «Teresa la arriera» tenían historias que seguramente nadie contará, pero igual de profundas y emocionantes

¿Crees que tu sector (producto/servicio) está muy masculinizado?

La educación ambiental no es un sector especialmente masculinizado en la actualidad, quizás porque hasta hace poco ofrecía puestos muy sacrificados y mal pagados, y este escenario está casi siempre más vinculado al sector femenino. Pero nosotras nos movemos en el sector empresarial y aquí seguimos encontrando más voces masculinas en los cargos más relevantes, en los que toman decisiones; es, por lo tanto, una mirada incompleta, miope, donde la otra mitad de la población no se encuentra reflejada.

¿El apoyo recibido al desarrollar tu proyecto ha provenido de hombres y mujeres por igual?

Creo que nuestro negocio no ha sentido mucho el apoyo de las administraciones, sobre todo porque hace treinta años hablar de educación ambiental, sostenibilidad y cambio climático no parecía un negocio muy seguro. Ahora nos sentimos muy acompañadas por todas esas mujeres del medio rural que crean una forma de estar en los pueblos, que revalorizan los productos de la tierra y la identidad rural, proyectos como «Crecemos Juntas» o «Desafío Mujer Rural» nos hacen sentir más seguras que nunca.
No me gustaría dejar pasar momentos memorables que han reforzado nuestro trabajo como ha sido recibir la «Bandera de Andalucía de Jaén» (para una gallega y una inglesa este reconocimiento es muy especial) o la «Medalla al Mérito al Trabajo», premio a la «Excelencia Educativa» o al «Trabajo social» entre otros.

¿El apoyo recibido al desarrollar tu proyecto ha provenido de hombres y mujeres por igual?

El Cantalar no se entiende sin la comunidad; estamos especialmente unidas a las comunidades serranas de mujeres. Generamos empleo entre mujeres que lo tienen complicado, como son mujeres de más de 50 años o mujeres universitarias.

¿Cómo crees que tu proyecto afecta al tejido o la economía de tu comunidad? ¿y qué valor añadido aporta al medio rural?

El Cantalar no se entiende sin la comunidad; estamos especialmente unidas a las comunidades serranas de mujeres. Generamos empleo entre mujeres que lo tienen complicado, como son mujeres de más de 50 años o mujeres universitarias.

¿Cómo conociste el Programa Desafío Mujer Rural? ¿En qué ha ayudado al desarrollo de tu idea?

Con certeza no podría decir cómo conocí este proyecto, pero seguro que nuestra curiosidad innata tuvo mucho que ver; la ventana abierta de internet y una comunidad de mujeres emprendedoras es el gancho perfecto para mantenernos atentas.

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Nuestros próximos proyectos tienen que ver con nuestra idea de mantenernos atentas y despiertas a las tendencias, seguir creando.

¿Cómo ves (tu sector) en el medio rural? ¿Qué recomendaciones les harías a las mujeres que quieren emprender en el medio rural?

Es un sector emergente, aunque no vienen buenos tiempos para la sostenibilidad, pero no hay otro camino: si no es sostenible, es insostenible, así que quizás el mundo vuelva a equivocarse, pero por una razón de supervivencia y bienestar, confío en que el sentido común y el bien común vuelvan a instaurarse en todos los sectores.

Por último… una frase con la animarías a otras mujeres a emprender en el medio rural.

Si algo he aprendido en el camino es que emprender desde lo rural no es partir con desventajas, sino con raíces; que nos sostienen, nos dan identidad y nos recuerdan que cuando una mujer rural avanza, no lo hace sola, sino que lleva consigo el alma del territorio.
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